viernes, 28 de febrero de 2025

Reseña: "El arte de envejecer sabiamente", de María Jesús González-Espejo

 

El arte de envejecer sabiamente

Autora: María Jesús González-Espejo

Páginas: 491

Género: Ensayo-guía práctica

 


El currículum de  María Jesús González-Espejo, leonesa, es muy amplio  y multifacético.   Es una profesional multilingüe, jurista apasionada por el derecho tecnológico, asesora de empresas, experta en inteligencia artificial,  una de las mayores expertas de Europa en LegalTech, colaboradora habitual de medios de comunicación, conferenciante, articulista, escritora, profesora de yoga, pintora, escultora… En el momento actual está muy implicada  en temas relacionados con el envejecimiento activo.  Es    CEO del Instituto Samart Ageing y  Fundadora de Matura Club .

Tres palabras claves aparecen en el título de este libro: arte, que, según el diccionario de la RAE, en su primera acepción significa  “capacidad, habilidad para hacer algo”; envejecer, proceso natural de la vida en el que todos estamos inmersos desde que nacemos, pues rememorando a Quevedo “vivir es ir muriendo”, y sabiamente, o sea, con el grado más alto de conocimiento. No hay que dejar que la vejez nos pille desprevenidos y transite por nosotros, sino que nos encuentre con una actitud activa (sabia) que nos lleve a transitar  por ella con seguridad y decisión. Es evidente que el título, ya de por sí, resulta atractivo.  Y práctico, pues  estamos ante un libro de casi 500 páginas que  nos va a enseñar a envejecer de forma  adecuada. Y al título se añade un subtítulo: Guía para adoptar mejores decisiones vitales y disfrutar  de un futuro más pleno. Además, también en portada, sugiere que es un libro para que lo regalen  los padres y lo  regalen los hijos, y para que lo lean unos y otros,  porque  tiene el propósito de ser útil a ambas generaciones. En palabras de la autora: “Decidir lo mejor para nosotros no es fácil, es todo un arte, y como todo arte se puede aprender conociendo la técnica y practicándola”.

El libro se divide en diez capítulos y  aborda nueve ejes fundamentales que debemos tener en cuenta las personas que nos encaminamos hacia la vejez o estamos en ella  y, de forma especial,  puede ser útil para la generación de los baby boomers, que todavía están a tiempo de ser dueños de su envejecimiento,  una generación de más de catorce millones de personas que están empezando a llegar ahora  a la edad  de la jubilación. Precisamente a esa generación dedica el primer capítulo del libro y también a todos los retos que supone el envejecimiento de la población. El segundo capítulo habla de algo más concreto y práctico. Se dedica a  explicarnos las decisiones financieras, patrimoniales y de seguros que nos conviene tomar  para vivir una vejez segura desde el punto de vista económico. También nos explica, de  forma pormenorizada cómo sacar el mayor rendimiento a los ahorros u obtener unos ingresos extras procedentes de nuestro patrimonio a través, por ejemplo, de la hipoteca inversa o de la nuda propiedad.  El tercer apartado aborda  las decisiones sobre el trabajo y el momento de la jubilación y cómo nos puede afectar el edadismo, un tema que está muy  presente en la sociedad actual. El cuarto nos explica las decisiones jurídicas que pueden asegurar nuestra vejez y hacer más fácil lo concerniente  a nuestra herencia y sucesión. El quinto nos habla de cómo elegir el hogar mejor adaptado  para nuestra vejez. El sexto nos sugiere cómo conseguir que la tecnología sea nuestra aliada en ese período de la vida. El séptimo está dedicado a  cómo cuidar la salud para sentirnos bien: alimentación, actividad física, salud mental… El octavo trata de ayudarnos a afrontar de la mejor forma posible   la enfermedad y la muerte, dándonos recomendaciones prácticas  para vivirlas con serenidad. El décimo, de carácter más general, nos enseña a desarrollar nuestra capacidad para  adoptar las mejores decisiones para el futuro. Y, para finalizar, la propia autora nos resume lo esencial en un capítulo de conclusiones.

Este libro recoge todo aquello que puede ser de interés para vivir la vejez sabiamente, con la mejor salud, rodeados de compañía, desarrollando aficiones para llenar el tiempo libre, tomando decisiones para tener la vivienda más adecuada a nuestras necesidades o para realizar las inversiones más convenientes para vivir una vejez sin sobresaltos económicos, nos advierte sobre  las decisiones legales que debemos tomar cuando aún no hemos perdido capacidades cognitivas y no obvia ni siquiera lo relativo a nuestro final definitivo: la muerte. Algunos  aspectos  tratados en el libro pueden ser conocidos de antemano  por los lectores, pero en ningún momento pierde interés la lectura de esa información, porque  en ninguna otra publicación contábamos con una  información tan completa y  práctica  sobre asuntos que atañen tan directamente  a la vejez.  La autora nos presenta toda esa información  agrupada y organizada de una manera clara, rigurosa y eficaz, por eso es la valiosa   guía  que  nos prometía en el subtítulo  para transitar seguros por la vejez,  y, además,  este libro es un auténtico descubrimiento para el lector.  

La estructura interna de los capítulos también es  un acierto, pues todos comienzan con unos párrafos introductorios relativos al tema que se va tratar en cada uno   y, además de desarrollar ordenada la información fundamental de cada uno de ellos (con frecuencia,  en forma enumerativa), de vez en cuando, nos hace alguna advertencia de especial interés que sitúa en un recuadro y que es como un flash (de hecho usa como símbolo una bombilla). 

En algunos casos, refiere  casos reales, a modo de ejemplo,  para ilustrar de forma práctica lo explicado y también los  sitúa    en recuadros para su mejor localización visual. El uso de gráficos y esquemas  contribuyen, asimismo, a hacer el manual más didáctico. lo mismo  que la letra negrita  que busca  destacar la información más relevante. En algunos casos,  apostrofa al lector  para que realice determinados ejercicios o reflexiones y en toda la obra establece un diálogo con él a través de la utilización de  verbos y pronombres de  la  primera y  la segunda persona, en tono de tuteo. Ello lleva a que el lector se implique más en el contenido del asunto y acentúa el fin didáctico de la obra.

 La autora insiste en que nuestra vejez debe ser una época proactiva, desprovista de sesgos negativos que  no nos permitan actuar, pues no es  lo mismo ser mayor que sentirse mayor: la edad la marcan los años, pero la forma de envejecer la podemos marcar nosotros con nuestra actitud. Nos recomienda de forma ferviente que  las decisiones que debemos tomar para nuestra vejez deben tomarse antes de entrar plenamente en ese período, preferiblemente en la década de los 50, y nos guía en ese proceso.

El arte de envejecer sabiamente, de María Jesús González Espejo, pretende poner a nuestro alcance la guía necesaria para    enseñarnos ese ansiado  arte  de envejecer,  porque este  libro  nos va a conducir con seguridad  por los caminos, a veces sinuosos, de la vejez, por ser   un libro informativo y formativo, que va más allá del paternalismo y  sentimentalismo de los libros tradicionales de autoayuda.  En conclusión,  un libro muy útil que nos propone el  método que llama la autora Justo a tiempo para planificar la vejez, un compendio de  información valiosa especialmente para las personas que superen los cincuenta años. Un libro que pone de manifiesto la formación de la autora en el mundo legal,  el conocimiento de  la estrategia empresarial y el deseo de transmitir su experiencia personal que, a buen seguro, puede ser  interesante  para las personas de la generación de los boomers y  de otras de más edad.  

El arte de envejecer sabiamente es un libro  fácil de leer por su estructura didáctica y  por su estilo y, de mucho interés, por su contenido.  Y un libro intergeneracional. Un  manual para tener siempre a mano, para leer, para releer, para  consultar… Para regalar…  Y  para compartir entre personas añosas  o entre personas de  varias generaciones de la misma familia. Nos enseñará   a todos a prepararnos de la mejor forma ante el inevitable envejecimiento propio y ajeno.


© Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga...

Y persona que trata de envejecer sabiamente…

sábado, 22 de febrero de 2025

Madres de refranero (I)

     


Cuadro de Gabriele Münter. Exposición Museo Thyssen

    Después  de abordar en cuatro artículos anteriores la presencia de la palabra madre, las que tienen relación semántica con ella   y los dichos que la contienen en el idioma español, en esta ocasión vamos a rastrear el término madre  en relación con sus descendientes, hijas e  hijos,  en esos dichos agudos y sentenciosos  de uso común que llamamos refranes o paremias.

 

Artículo publicado en la revista Masticadores FEM, dentro de la sección PALABRA DE MUJER, en que hablo del tema  mujer y lenguaje

Si quieres seguir leyendo, pincha aquí:


Madres de refranero (I)





Madres de refranero (II)

 


Escultura de la exposición "Tiempos inciertos. Alemania entre guerras". Caixaforum
 

Después de hablar someramente en otro artículo de la presencia de la madre en el refranero, vamos a extender el análisis también a la figura del padre para reflexionar  sobre las analogías y diferencias   entre ambos que refleja el refranero. 

El padre y la madre, juntos o separados, son pilares fundamentales en la crianza y educación de los hijos. Hay un refrán que nos recuerda que vive en la máxima soledad el que vive sin padre ni madre ni perrito que le ladre... 


Artículo publicado en la revista cultural MasticadoresFEM, en mi sección PALABRA DE MUJER, en la que hablo de la relación entre mujer y lenguaje.

Puedes seguir leyendo aquí: 

madres de refranero (II)



Y si quieres leer el artículo anterior, pincha aquí:

Madres de refranero (I)





lunes, 3 de febrero de 2025

Reseña del poemario "Sombra y ceniza", de Ainhoa Lorenzo Montilla

 


Título: Sombra y ceniza

Autora: Ainhoa Lorenzo Montilla

Género: Lírica

Páginas: 109






Es un placer para mí realizar una reseña del poemario Sombra  y ceniza, de Ainhoa Lorenzo, porque hay una relación especial que me una a ella: la de profesora y alumna. Ainhoa fue alumna mía en Bachillerato, en el centro Santo Domingo Savio. Conmigo aprendió  a desentrañar los secretos de los textos literarios. La conocí años antes de darle clase, pues participó en el año 2010, cuando cursaba segundo de ESO, en un recital organizado por mí, con alumnos mayores, con motivo del Centenario de Miguel Hernández. Y  en otros posteriores.  La poesía ya brotaba en ella y aquellos   recitales fueron como la lluvia que incrementó el manantial poético. Y siguió escribiendo versos, a pesar de que su formación posterior fue científica (médica neuróloga).

El libro tiene una  portada hermosa. De la Sombra y  ceniza  del título  y de las imágenes surgen flores blancas, incluso su nombre y el título ceniciento se eleva sobre el fondo: pone luz. Se funden, pues,  la  fría oscuridad y la ceniza que es el rescoldo del fuego que da luz y   purifica.

Pero con ese título y ese fondo oscuro   tenemos que sospechar que el poemario de Ainhoa no habla de jardines bucólicos, de paisajes serenos, de amores idealizados… Y estamos en lo cierto. Dando  un paseo visual sobre el índice  nos asomamos  a los títulos de los poemas y allí encontramos ya la sombra y la ceniza: Existencia, Sentido, Nada, Buscando un día más, Agonía, Traición, Corazón solitario, Alma solitaria, Infierno terrenal, Caos global, Insomnio, Encrucijada, Sueños Ahogados, Sobrevolando el abismo, Cuenta atrás…  Y cuando el lector comienza a leer se encuentra precisamente con esos temas: existencia y sentido o sentido de la existencia. Ahí está la clave para buscar el sentido de la vida, desde un corazón que sufre. A lo largo de todo el poemario hay un sentido de pérdida que lleva a un afán de búsqueda, la búsqueda de algo perdido. En el poema  En busca de lo perdido  el sentimiento de pérdida afecta a la propia inspiración poética: Busco inspiración / busco claridad / hasta esperanza / busco ya. La pérdida metafórica de la palabra es una de las peores pérdidas, pues para Ainhoa Lorenzo la palabra poética es liberadora y sanadora. En varias ocasiones  parece viajar hacia esa niña interior que evoca    ilusiones de infancia.  Decía Rilke que “nuestra verdadera patria es la infancia”.

Otro tema presente en el poemario es el paso del tiempo: “tempus fugit”, que decían los clásicos. Un tema vinculado con el anterior,  porque  hace huir  a la autora hacia atrás y  regresar a la infancia para contrarrestar ese tiempo desbocado que avanza de forma inexorable. Por ello, siente anhelos de otras épocas. En su poema Tiempo pasado  habla de un pasado aún presente / en la cabeza y en el corazón, de un  tiempo irrecuperable / perdido en las arenas del reloj. En otro poema dice  estar contemplando la vida mientras el tiempo pasaba. En el poema Cuenta atrás asegura que  el tiempo se escapa / entre las grietas / irreparables. Frente a ese paso rápido   aparece el latido de un corazón agonizante por reconstruir el pasado. La angustia por  el paso del tiempo tiene mucho que ver con el sentido de la vida. Lo plasma bien en un poema muy breve titulado  Polvo de estrellas: Punto de partida / punto de final /de dónde venimos / y adónde partimos / de esta fría tierra que es el mundo.

 Ese sentido existencialista de la vida  refleja la forma de ser de la protagonista, una persona  que  siempre ha sido muy reflexiva: Yo voy sin rumbo / buscando algo, un algo más profundo. Aparece con frecuencia su  afán de buscar explicaciones: de aprender.  En ese proceso de búsqueda está muy presente la soledad: Somos almas solitarias, repite este verso  a lo largo de un poema, que termina así: Simplemente eso. / Almas solitarias. / Almas vacías. / Almas olvidadas. En esa soledad sufre su corazón, sufre su alma: Gusanos en el corazón. / Corazón negro. / Corazón vacío. Y en otros versos: Pequeños instantes de gloria / se desvanecen en el caos de la vida / simples destellos centelleantes / entre la apatía de cada día. Eso siente cuando cumple veintitrés años que son para ella veintitrés rosas marchitas.

También está presente la ciudad en el poemario que es un símbolo más de soledad, de soledad acompañada, que es la más dolorosa, porque se siente vacía entre la multitud: Ando entre el gentío / voy buscando en todas las miradas / cómo llenar el vacío de calles olvidadas. La ciudad es también símbolo de caos  global que la rodea: El caos global retumba / en mi pecho herido por el tiempo.

El léxico del poemario, como los títulos de los poemas, tiene mucha relación con esta angustia existencial. Abundan los sustantivos que reflejan desconcierto o miedo: incertidumbre, duda, encrucijada, noche, negrura, bestia dormida, abismo, destino… Dolor punzante: pesadumbre,  dolor, angustia, lamento, lágrimas, puñaladas, estocada,  alaridos, pesadillas… soledad: vacío, engaño, incomprensión, silencio…Y las referidas específicamente a la naturaleza  tempestuosa  e inhóspita descrita: huracán, vientos que arrecian, vendaval, bramidos, océanos infinitos, escarpadas costas. Ocurre algo similar con los adjetivos que también reflejan lo violento, la sensación de falta de libertad, la inconsistencia de la vida: maniatada, atrapada, asfixiante, desierto, inerte, quebradizo… O con las acciones que reflejan  verbos como  atrapar, abandonar, traicionar, fustigarse, llorar, cegar…

¿Dejamos a la autora en ese abismo del que quiere salir y parece que no puede? Parece que no. Se puede intuir que en los últimos poemas se vislumbra la luz, pues los títulos ya la sugieren: Blanca nostalgia, Pausa, Mente en calma, Alma sin pena. Los sueños dan vida al alma, dice en un poema. Y en ese mundo tan hostil, en la búsqueda  de la esperanza,  solo queda colgarse a los sueños, volar en sus alas. Los sueños tienen una gran presencia: Noches estrelladas en que los sueños cristalizan / esperanza / de que algo cambie mi vida / para que las sombras que me acechan se vayan de forma definitiva. Y en el poema Sueños nos aconseja: No dejes de soñar / aunque imposibles sean tus sueños / imposibles habrá / todavía más inciertos, / mas solo imposibles por nuestros miedos. Así, colgada de los sueños, se levanta por encima de la angustia. Incluso pide a otra persona: susúrrame los sueños. Los sueños de luz van ganando presencia a  medida que avanzamos por el poemario.

Al fin, vemos aparecer las flores blancas en medio de la ceniza; habla de luces, de compañía, de la magia de la niñez que aún perdura, de  la calidez de la sonrisa…Pasan los días tranquilos y despreocupados. Se vacía el pensamiento y las preocupaciones en él contenidas. Aparece  el mar en calma y un cielo armónico y límpido. La poeta se prepara para afrontar un nuevo día con una sonrisa que ilumina su cara. Nos reconcilia con la vida leer los últimos versos  del último poema: Suspiros de sol. Un poema en que la luz  de la primavera es protagonista, un sol que da calor a ese corazón mortecino, que le trae un latido alegre que genera paz, paz que se expande por cuerpo y espíritu que se sienten en un edén. Sonrisa pálida. / Mirada serena. / Mente en calma. Alma sin pena.

La poesía  es sentimiento. La de Ainhoa lo tiene. Los otros dos pilares de la poesía son el ritmo y la belleza de la palabra. La autora lucha poema a poema por conseguir el ritmo de los versos y lo consigue unas veces con versos libres y otras con versos que siguen el ritmo del octosílabo, del heptasílabo y del endecasílabo, usando el primero para crear textos en forma de romance y los segundos para intentarlo con la lira, estrofa complicada. Le gustan las rimas como forma de conseguir ritmo,  en general  asonantadas y con frecuencia agudas. A veces el ritmo reside  en  paralelismos sintácticos que repite en las distintas estrofas: Noches vacías…  Noches solitarias…Noches estrelladas… Noches eternas… En ocasiones consigue notables hallazgos sonoros con aliteraciones de la s,  como en estos versos: Los suspiros se escapan / ocultos entre mis labios temblorosos / los minutos se pasan / entre sollozos ansiosos / escondidos entre llantos acuosos. Nos recuerdan a los místicos: los ríos sonorosos / el silbo de los aires amorosos. (San  Juan de la Cruz).

Nos encontramos con bellas y expresivas metáforas: la balaustrada del balcón de mi vida… Mis ojos arden de dolor…Con paradojas muy expresivas: ruidoso silencio. Sinestesias: fragante clamor.

Es un poemario que recoge algunos poemas de adolescencia al inicio  y luego  va cobrando madurez a medida que  avanzan las páginas.  A buen seguro que aún  podremos ver madurar más  a Ainhoa Lorenzo como poeta, en siguientes publicaciones, que seguro que las habrá, porque ella seguirá transitando por los caminos del verso.  Seguiremos poniendo el oído atento y los sentimientos alerta para seguir disfrutando de sus versos, de estos versos de Sombra y ceniza o  de otros versos de colorines.

Ainhoa, recibe la  enhorabuena de tu vieja profesora de Lengua y Literatura.

Es un placer  para mí como docente acompañar a antiguas alumnas y alumnos en la presentación de sus libros. Y ya van varios...

 ©Margarita Álvarez, filóloga, profesora y escritora


Ainhoa Lorenzo  en  la presentación del poemario en Madrid 


Antigua alumna con antigua profesora

 

 

jueves, 16 de enero de 2025

De la vida y el vivir

 

Entre un paisaje otoñal se esconde la casa donde nací. Paladín-Omaña (León)


En cada cumpleaños, tú, vida, me permites celebrarte, aunque también  me recuerdas que la meta final está más cercana. Pero para apresar ese tiempo huidizo tú misma me das la receta. Me recomiendas que no tenga una actitud  pasiva, de resignación o de enfado, sino que sea dueña de mi vivir: que lo aprese, que lo exprima, que lo disfrute.  Te he hecho caso.  He aprendido a sorprenderme cada día con una nueva emoción o descubrimiento. He aprendido a evitar la rutina, porque la rutina va devorando el  vivir. He aprendido también que ese vivir mío  debe  dejar alguna huella en la memoria  de quienes me conocieron.  Ese es el secreto de la inmortalidad. 

De niña me sorprendía, en mi mundo rural,   al observar  cómo cambiaban los colores con  el paso de las estaciones, al  ver correr el agua de un río en busca de su mar, mientras dejaba un rumoroso murmullo, al contemplar   cómo se movían las nubes  o me hacían guiños las estrellas.  Me sorprendía  al ver renacer la naturaleza cada primavera…  Desde entonces, vida,  me enseñaste a observar y a admirar. Y el eco de esa mirada es parte de lo que escribo: artículos, poemas, libros… 

En el último año vivido he podido plasmar en un libro muy personal, “Omaña, la voz del agua”, parte de esas observaciones y vivencias: en ellas están las huellas de mi vivir. Un libro con el que he conseguido emocionar a unas cuantas personas. Y conseguir que una persona, aunque fuera una sola, se emocione con algo escrito por mí es un regalo de la vida.

Y esa forma de vivir, viendo con los ojos del cuerpo y con los del alma, la trasladé de adulta al paisaje urbano,  que  también me ha permitido  sorprenderme  y aprender. Me maravillo al descubrir un día cualquiera la belleza de un edificio que me había pasado desapercibida, me paro ante  las estatuas y  las observo con distinta mirada, según las estaciones. Y a veces hasta entablo con ellas un diálogo silencioso… Escucho conversaciones para tratar de encontrar en ellas una palabra nueva, una palabra olvidada, una palabra maltratada, una palabra acariciada... Y la apunto... Y la hago mía... Y reflexiono sobre ella...  Pero, sobre todo,  disfruto de cada nuevo amanecer que me permite ponerme a caminar por la vida, para ponerme al servicio de los demás, para plantearme retos y despertar, una vez más, al dios que todas las personas llevamos dentro: el  dios del entusiasmo.  Porque eso significa etimológicamente la palabra entusiasmo (en theos:  un dios dentro).

Vida, tú me das los días como regalo, pero  soy  yo la que  los decoro y les doy sentido con mi forma de  vivir. También los caminos de la vejez pueden ser caminos de entusiasmo, como decía el poeta Benedetti: 

Aquí no hay viejos

solo que llegó la tarde. 

Viejo es el mar y se agiganta,

viejo es el sol y nos calienta,

vieja es la Luna y nos alumbra,

vieja es la Tierra y nos da vida

viejo es el amor y nos alienta.

Aquí no hay viejos

solo nos llegó la tarde.

Mundo urbano, Madrid, distrito de Vicálvaro
  

                    ©Margarita Álvarez Rodríguez


domingo, 29 de diciembre de 2024

Reseña de Si quieres hacer reír a Dios, de Fuencisla Avial


 

 Género: novela

 Editorial: Adarve

 Páginas: 229 

 Madrid, 2024

Fuencisla Avial Sancho es una escritora segoviana. Estudió Magisterio y Sociología  y ha dedicado su vida  a la docencia. Ha cultivado la narración  en forma   de novela y de relato. En este último subgénero ha obtenido  un premio y ha llegado  a finalista  en algunos certámenes literarios. Su última publicación, anterior al libro que nos ocupa, fue la novela titulada Historias de antes (2019), que recreaba la historia de una saga familiar en un pueblo segoviano. 

Si quieres hacer reír a Dios es una novela  que tiene un argumento, en apariencia, simple. Una profesora, que termina de jubilarse, busca actividades para el tiempo  libre del que va a disponer y, entre sus proyectos, aparece el de  escribir una novela. Mientras busca  un argumento para ella  va desgranando ante el lector sus actividades diarias, sus ilusiones, sus compromisos, su visión del mundo. Argumento simple, obra compleja.

Estamos ante una  novela  realista que parte de pequeñas experiencias personales de la vida cotidiana que se elevan de una forma  muy  acertada al plano  literario. El deseo de la autora es “escribir una novela realista, pero de las que conmueven, de las que tocan el corazón, las que hacen aflorar las emociones más profundas que llenan sus páginas  y las emociones que contienen”.

 La narración tiene una aparente forma de diario, pues sus capítulos son los nombres de algunos días que la autora señala en su calendario particular  y que están espaciados por varias semanas. La historia comienza un día 8 de enero, final de unas vacaciones en que ya no se tendrá que reincorporar al instituto, y termina en la Nochevieja del mismo año. Un año, pues, con sus meses, sus días y las vivencias de  la protagonista.

La estructura interna de la narración gira sobre dos elementos esenciales: la metaliteratura y la intertextualidad.

El  hilo argumental que da unidad al texto es el deseo de escribir una novela  y la búsqueda del propio argumento. Es la literatura dentro de la literatura: la metaliteratura. Y no solo  por esta búsqueda del tema y argumento de la proyectada novela, sino también porque en algunos momentos de la misma busca un pretexto para incluir otras pequeñas narraciones que parecen ajenas al argumento principal, pero que, en realidad, son parte sustancial del mismo. Así, mientras el lector sigue los pasos de la narradora en busca de inspiración, en realidad, se está encontrando con el argumento,  está inmerso en él. 

El otro elemento esencial de la estructura es la intertextualidad, pues las referencias a otras obras literarias son múltiples. Se mencionan autores y títulos y, de vez en cuando, fragmentos de esas obras que Fuencisla Avial incorpora hábilmente para reflexionar sobre algún tema. Con ese pretexto nos da a conocer los libros que pueblan las estanterías de su biblioteca, sus abundantes lecturas y sus preferencias literarias, entre las que ocupa un lugar fundamental su gusto por las biografías.  Dentro de esa intertextualidad también está presente el refranero, que se usa como una especie de argumento de autoridad para apoyar alguna reflexión. Y en varios momentos algún artículo de textos legales sobre derechos de rango universal que tienen el mismo cometido.  

Sobre estos dos elementos va desgranando a lo largo de  narración una gran variedad de temas, todos ellos vinculados a un compromiso de tipo social, moral, medioambiental, educativo…  Por la novela pasan hechos históricos del pasado entretejidos con situaciones del presente, y todos ellos permiten a la autora realizar una reflexión sobre el bien  y el mal. Quizá sea este uno de los temas esenciales de la novela. 

La narración está escrita en primera persona, a través de la cual  la protagonista va plasmando sus vivencias y reflexiones. Los demás personajes son absolutamente secundarios, excepto uno, su perrita Jara. Ella está siempre presente en esa búsqueda de la autora y ella es también  su mejor confidente. En cierta medida recuerda un poco aquellas famosas Charlas con Troylo de Antonio Gala. La protagonista, desde su cocina, delante del desayuno, vive  el presente y reflexiona sobre él,  elevándose desde la experiencia personal a la reflexión universal.  Con frecuencia  una visión retrospectiva del pasado le sirve  también para analizar el mundo presente. La narradora es, en gran medida, un trasunto de la personalidad de la propia autora y del mundo que la rodea.

La novela está escrita con un estilo claro y un léxico  variado y preciso. La autora  usa de forma acertada la adjetivación y  la enumeración, que suelen ir unidas. También maneja con soltura el uso de imágenes, que embellecen el texto, y tiene una enorme habilidad para la evocación. Con gran plasticidad nos acerca  el mundo de las sensaciones: los  olores, colores, sabores y las vivencias que experimenta en un lugar determinado, de tal manera que  nos hace entrar  en ese río de sensaciones y sentimientos y nos arrastra por él. Consigue que el lector pueda oler el café del que disfruta en el desayuno la protagonista, que capte los paisajes de sus viajes, que  sienta el frío y el calor de las distintas estaciones, que oiga los  sonidos que la rodean.  Con ella   disfrutamos y aprendemos  de sus lecturas, nos identificamos con  su amor por el silencio y nos dolemos con ella  de su sufrimiento, tanto del personal como del social.

Al principio de la obra Fuencisla Avial asegura  que  quiere escribir “una historia llena de pasión y sentimientos, una historia que atrape al lector, que lo perturbe de tal manera que no pueda abandonar el libro hasta que llegue al final e, incluso, que una vez que haya vuelto la última página, las emociones transmitidas sigan instaladas en su corazón durante mucho, mucho tiempo”.

Y, ciertamente,  va a conseguir que las emociones vividas se instalen en el corazón del lector. La lectura  de Si quieres hacer reír a Dios no nos va a dejar indiferentes, pues podremos aprender (siempre está presente su afán didáctico), reflexionar, viajar, emocionarnos: disfrutar. Para ello solo hay que coger este diario en las manos, adentrarse en él,  ponerse a leer y dejarse seducir por la magia de los sentimientos y las palabras.  

             Margarita Álvarez Rodríguez, filóloga y escritora


El texto  que antecede figura como prólogo de la novela Si quieres hacer reír a Dios. 


Fotos de la presentación de la novela,  el 9/XII/2024, en el Centro Segoviano de Madrid


 

domingo, 24 de noviembre de 2024

Llora la vida

 



Gritos como cuchillos hieren el aire

y  le  arrebatan el oxígeno de la dignidad.

Y esa mujer se  va asfixiando...

Sus días  se van tiñendo de noche en cada ocaso.

Noches y miedos. Miedos y noches.

Y el mundo sigue rodando…

Pero  hoy la luz lacerante del alba le ha cerrado los ojos.

Impotencia, rabia, vacío, dolor…

Las violetas rezuman lágrimas de amargura.

Sollozan las palabras.

¡Llora la vida!


 © Margarita Álvarez Rodríguez

25N 2024

DÍA MUNDIAL

PARA LA ERRADICACIÓN 

DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

 

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